La puerta de las Respuestas

viernes, 25 de enero de 2008

...
Fue así como el corría, pero no sabía que hacia.
Iba hacia ese lugar que le habían dicho de chico que estaba prohibido.
¿Que encontraría ahí?
Siempre se imagino toda clase de dulces... pero hoy, con sus ya 18 años, sabía que eso no había detrás de la puerta. Detrás de la puerta era obvio que había algo bueno y que no son los deseos banales del hombre.

Es algo con mucho sentido para nuestro ser...
Corría y corría
¿El camino sería bueno, o estaría lleno de obstáculos…? Seguro lo último- se dijo él.

Como todo parecía tan simple como correr, en un lapso de tiempo todo le pareció fácil.
La respuesta a todas esas interrogantes eran:
Corre y llega a lo que tú quieres.

Mientras mas corría y se ubicaba de a poco en mundo común donde nada es fácil, vio el problema, el problema que le hizo disminuir de velocidad, el problema que le hizo ver la realidad con un golpe, el problema que lo corría, el problema del porque corría.

Paró sin dudar, tal así como salió corriendo.
Freno tan duro con los pies, que ni se molestó en mantener su cuerpo firme y parado, y sin mucho problema cayó al piso y rodó como pelota haciéndose daño. Todo lo que estaba con el también.

Escuchó varios sonidos, uno de ellos el del golpe contra el piso, otro el de un hueso haciendo un ruido seco y cortante y el obvio ruido metálico y pesado contra el piso.
Si. El sabía que algo estaba roto, pero... ¿que más daba? Al fin y al cabo, todo fue un desperdicio de vida.
Sabía que nada más tenía sentido, así como ahora ya nada parecía simple.
Perdió las ganas de correr.

Ya que había perdido las piernas para correr, al menos quería volar.
Pero Dios le prohibió todo.
No correr, no saltar, no bailar, no caminar, no resbalar, no a todo.
¡Ah, claro, como olvidarlo!: No volar.

El era un ángel, así siempre le dijo su mama:
-Ángel mi hijo, ven a comer...
-Ángel mi amor ve aquí un rato...
-Ángel discúlpame ángel, ángel, no fue mi intensión ángel... ¡¡¡ANGEL!!!!

Ángel... si, si su madre le dijo era un ángel, el era un ángel.
Ángel.

Ve a la gente sonreír a tu alrededor, vive con ellos mientras tu sufre

¿Ángel?
¿Ángel donde?? Él no era un ángel y él no podía volar.
¡Él solo era un tremendo imbécil que creía poder volar! Nunca lo haría de todas formas.
¿Por qué?
¡Por el puto accidente! ¡Si no hubiese sido por esa mujer estúpida, sería feliz y no estaría llorando en mi propia sangre!
Ahora sabía la respuesta.
El accidente le había abierto los ojos. Dios no te da alas, ya que el sabe que si te da alas, no sabrás usarla con propiedad y de una u otra manera terminas cayendo donde no corresponde o volando en un lugares prohibidos... Como la puerta.

La puerta a la que corría, la puerta a la que trato de volar, pero Dios no le dejo.

¿Que habrá detrás de la puerta?
La pregunta sonaba como a esos programas televisivos que veía su mama.
-Mamá...- murmuro tirado en el piso después de la caída de su silla de ruedas.

La puerta seguro era su madre, volver a su madre.
Si, esa era la solución.
Dios no te deja volar, pero si te deja ver como sería, todo eso al estar con un ser querido.
Te deja volar en sus brazos para alcanzar la eternidad.

Si, ahora sabía porque corría a la puerta, sabia que era la puerta.
Debía de correr a la puerta y ver a su madre una vez más.
-Ángel mi hijo, ven a comer...
-Ángel mi amor ve aquí un rato...
-Ángel discúlpame ángel, ángel, no fue mi intensión ángel... ¡¡¡ANGEL!!!

En solo pensar que su madre le decía ángel, le sonrojaba, le daba fuerzas, le hacia poner de pie.
Ángel.
Pero ahora que le vino la pregunta a la cabeza: ¿Cual era su nombre?
Su madre siempre le dijo Ángel, pero eso no es nombre para nadie.
¿O si?

-Ángel mi hijo, ven a comer...

Podría haberse referido a el como decir mi amor...

-Ángel mi amor ven aquí un rato...

Podría haberse referido a el como... ¿ángel? No podía ser… su nombre no era Ángel. Si, el era un Ángel para ella. ¡Eso si!

-Ángel discúlpame ángel, ángel, no fue mi intensión ángel... ¡¡¡ANGEL!!!

No podía ser. Ángel no era su nombre. No podía ser.

¡¡ANGEL!!
Fue ahí cuando se dio cuenta que su nombre era Ángel y ángel no era un adjetivo calificativo a su persona.
Nunca lo fue. Nunca lo iba a ser. Ella nunca quiso a Ángel de todas maneras.
Si, eso era cierto. Ella fue la estúpida que hizo que él este sin alas para volar... ¡la muy imbécil!
Fue ella, ahora lo recordaba. Ella dejo que el camión le choque. Fue ella quien le empujó queriendo matarlo, pues el no aceptaba el otro amor de su madre. El amor por ese inmundo, mugriento y asqueroso hombre que NO era su padre.

Hasta ese punto llego ella por el inmundo. Hasta ese punto.
La muy idiota quiso matarme, pero no pudo. Dios me salvo para hacerla sufrir. Para hacerla ver el calvario. Para hacerla ver quien mandaba en este mundo aun estando el lisiado como estaba.

Si, ahora la solución era simple, la puerta tenía la solución a los problemas.
La puerta traería la muerte de su madre.
La puerta era el arma a la destrucción completa de su madre.
Ella debía morir y por eso iba a la puerta.

Casi sin darse cuenta se movió de forma tranquila y pausada por el piso, arrastrándose como soldado hacia adelante.
Se sentía en la guerra. Lo único que veía adelante era la puerta.
La puerta.
La puerta.
La puerta.
La puerta.

Ahí estaba, podía verla.
De madera normal, nada trabajada, simple y con un picaporte como todos los demás.
¿Pero como se alzaría hasta el picaporte y dar muerte a su madre? ¿A su estúpida madre de una vez por todas?
La muy perra se merecía ser destripada pedazo a pedazo por lo que le había hecho a "ÁNGEL".

Con la fuerza del odio llego hasta la puerta y como si fuera la cosa más simple del planeta, se levantó hasta el picaporte.
Había olvidado que moverse sin silla de ruedas fue su tarea por los últimos 2 años.

Con todo el odio del mundo, se acerco al picaporte y echo todo su peso en el.
Lentamente giro el picaporte y soltó su manos para dejarse caer en felicidad ante la salida de todos los problemas.
Si.
Simple.
Si Dios no le daba alas para volar, ¡el se fabricaría algunas y ya!

Pero una vez mas su excitación murió al rato, pues se dio cuenta de la chocante realidad.
Detrás de la puerta había: nada.
Nada.
Vacío.
El caía al vacío por cegarse en lo que hacia y no ponerse a pensar que movido por el odio, movido por cualquier sentimiento dominante, no llegaría a ningún lado.

Su cuerpo empezó a caer al vacío, a la nada. Caía.
Y ahí vio todo lo que necesita. Vio gente reír, vio gente ser feliz, y el era feliz.
Si, él, Ángel era feliz.
Lo entendió sin dudar.

Esa era una realidad más de la que debía precaverse para cuando salga de ahí...
"De la felicidad nos alimentamos, de la desdicha vivimos"

También se dio cuenta que el vacío no existía.
Detrás de la puerta no había ninguna santa solución.

Detrás de la puerta solo había una gran caída, ya que Ángel era un jefe de obreros lisiado que estaba trabajando en un edificio y se había drogado con alucinógenos por no ser bien recibido por sus compañeros de trabajo. Todo por ser lisiado.
Por alguna estúpida razón creyó que podía subir al último piso y retar a Dios en lo de volar.
Claro, no lo logró.

Ahora el solo es un pedazo de carne en el piso. Un pedazo de carne que se pudriría toda la noche, ya que ese día no había nadie en el edificio en construcción, peor aún, nadie quería estar con el.

Un cuerpo que se pudriría toda una noche.
Un cuerpo que soñó con ser cosas que no podía
Un cuerpo que aprendió que de la felicidad nos alimentamos, de la desdicha vivimos.
Un cuerpo de un idiota que sueña sin la suficiente convicción.

Randall Flagg
25 de Enero 2008
Editado el 28 de mayo del 2009

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